La sociedad del siglo XXI apenas ha tomado conciencia de la facilidad con que pueden ser afectadas las funciones y servicios "vitales" que posibilitan su existencia. Las debilidades y vulnerabilidades sociales producto de la evolución tecnológica y dependencia cibernética invierten la carga del Poder y de la Fuerza: hoy, el más fuerte y poderoso es el más débil y vulnerable.
El ciberterrorismo utiliza las tecnologías de la información digital para intimidar, coercionar o causar daños a personas, grupos sociales, instituciones o Gobiernos con fines políticos, religiosos, comerciales o simplemente personales. Estos hechos son delitos cibernéticos y sus actores, los terroristas cibernéticos, son esos mismos que pueden ser contactados y contratados por Internet como si fueran asesinos a sueldo.
Sus objetivos pueden ser los servicios de inteligencia; los sistemas estratégicos de Gobierno y de defensa; el espionaje a las fuerzas armadas, policiales y de seguridad; los órganos de Gobierno; el espionaje industrial o tecnológico; la televigilancia, las comunicaciones y las telecomunicaciones (en la telefonía celular, el 70 % de los enlaces circula por satélite); el control del tráfico aéreo, marítimo y terrestre; los sistemas de vigilancia por cámaras con centrales de monitoreo; los sistemas de distribución de energía eléctrica, gas y agua potable; los bancos; el uso de las tarjetas de crédito y débito, y el Registro Nacional de las Personas, por citar algunos ejemplos.
Son sistemas abiertos, encubiertos o cerrados, pero todos accesibles; ninguno es 100 % seguro. Todos estos temas y muchos otros más están presentes en la conferencia anual Defcon, la conferencia más temida y respetada del mundo hacker que se desarrolla todos los años en Las Vegas, la ciudad del pecado, con aparentes propósitos legales.
Hay simples ejemplos de lo que puede hacer un ciberterrorista. En abril de 2005, el colombiano Ricardo Ureche Lotero robó más de U$S 428.000 de cuentas bancarias de Bélgica, Estados Unidos, Noruega y Argentina; y el 21 de mayo de 2011, se atacó la empresa Lockheed Martin Corp, principal contratista del Ejército norteamericano, la cual posee información altamente confidencial. Como respuesta, los países se organizan para protegerse: existen la Fuerza Net en China; la Army Computer Emergency Response Team en EEUU; el Internet Fraud Complaint Center en el FBI y la Dirección General de Seguridad Exterior en Francia, todas equipadas con la mejor tecnología.
En ese contexto, para los responsables de la Seguridad Nacional, el ciberterrorismo representa un desafío que no se ha visto desde la creación de las armas nucleares. En Argentina, la Cuarta Fuerza Cívico Militar (que aún no tenemos) emerge naturalmente como respuesta a una impostergable necesidad vital de Defensa y Seguridad Nacional. Inglaterra, en su revisión Estratégica de Defensa y Seguridad, redujo en 2011 el 10 % del presupuesto para las fuerzas armadas tradicionales y aumentó el 25 % el asignado a sus fuerzas cibernéticas.
Repito las palabras de un viejo amigo, experto en estos temas. "En seguridad no hay secretos, todo se resume a prevenir o lamentarse", decía, y luego de algunos comentarios concluía: "por ahora, quédese tranquilo señor, que en este momento no lo estoy leyendo, escuchando ni mirando en el ciberespacio porque hoy no me interesa. Mañana, no sé".